
En un e-mail reciente le recomendaba a un amigo tres películas, entre ellas Nader and Simin: A Separation, Oso de Oro en Berlin a comienzos de este año. Su respuesta me dejó un poco apenada: "I definitely want to see the first two films! I heard about the third one but for me, Iranian cinema seems too exotic and strange; but probably this is just a bad prejudice".
Ah, los prejuicios. Qué cosa complicada.
Pues que quede claro: el valor de esta película no radica en ser iraní, ni exótica, ni nada por el estilo. Esta película, adaptada por supuesto a la realidad del país que fuese, podría haber sido filmada en cualquier lugar del mundo. Ni Kiarostami es el único referente del cine iraní, ni todas las películas iraníes son A través de los olivos (¡que ya tiene más de veinticinco años!).
Dicho esto, Una separación tiene una de las virtudes que distinguen al cine de categoría: se centran en una historia personal, pero al mismo tiempo consiguen hablar de otras mil cosas importantes que son el trasfondo de la historia. Religión, derechos civiles, situación de la mujer, la importancia de la educación: aspectos que no son el motor de la acción, pero que están ahí, para los ojos del que quiera verlo.
Asghar Farhadi dirige con un pulso que ya quisieran muchas películas de Hollywood. Hay más tensión y fuerza en los tejemanejes de este enredo dramático que en el 90% de los films que supuestamente deberían atarnos a la butaca y sólo nos arrancan bostezos. La capacidad para desgranar la intriga emocional en dosis perfectamente meditadas es sorprendente, como también lo es la veracidad de sus personajes y la sensación de identificación con sus temores e inquietudes. Y cuando alguien consigue reflejar todo esto sin aspavientos ni subrayados, sólo queda quitarse el sombrero.
Ah, los prejuicios. Qué cosa complicada.
Pues que quede claro: el valor de esta película no radica en ser iraní, ni exótica, ni nada por el estilo. Esta película, adaptada por supuesto a la realidad del país que fuese, podría haber sido filmada en cualquier lugar del mundo. Ni Kiarostami es el único referente del cine iraní, ni todas las películas iraníes son A través de los olivos (¡que ya tiene más de veinticinco años!).
Dicho esto, Una separación tiene una de las virtudes que distinguen al cine de categoría: se centran en una historia personal, pero al mismo tiempo consiguen hablar de otras mil cosas importantes que son el trasfondo de la historia. Religión, derechos civiles, situación de la mujer, la importancia de la educación: aspectos que no son el motor de la acción, pero que están ahí, para los ojos del que quiera verlo.
Asghar Farhadi dirige con un pulso que ya quisieran muchas películas de Hollywood. Hay más tensión y fuerza en los tejemanejes de este enredo dramático que en el 90% de los films que supuestamente deberían atarnos a la butaca y sólo nos arrancan bostezos. La capacidad para desgranar la intriga emocional en dosis perfectamente meditadas es sorprendente, como también lo es la veracidad de sus personajes y la sensación de identificación con sus temores e inquietudes. Y cuando alguien consigue reflejar todo esto sin aspavientos ni subrayados, sólo queda quitarse el sombrero.

1 comentarios:
Tenía ganas de ver esta película desde que te leí y por fin he podido. Suscribo todo lo que dices palabra por palabra. La grandeza de Una separación está en su pequeñez precisamente. Me ha encantado. Gracias :)
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