04 diciembre 2011

The Ides of March / The Help


Es muy interesante el perfil de Clooney como director, como también lo son algunas de sus elecciones como intérprete en los últimos años. Me gusta la toma de conciencia de su impacto mediático y su escasez de pelos en la lengua (pero siempre comedido; listo, diría yo). Aunque la mejor manera de conocer a un cineasta es siempre ver su obra, y el pragmatismo que desprende Good Night and Good Luck es suficientemente revelador, no es en absoluto una pérdida de tiempo escuchar al Clooney de carne y hueso hablar sobre lo que piensa.

Imposible ver The Ides of March sin leer entre líneas conociendo la orientación ideológica de su director, ya que el recado que envía no está para nada oculto. Tal vez sobrarían un par de subrayados; admito también que algunos de los momentos delicados en los que los personajes toman determinadas decisiones pueden no estar completamente justificados, o incluso ser inverosímiles. Pero yo he comprado la moto, arrastrada por el gancho del reparto completo -¿cómo equivocarse con semejante lista de secundarios?- y por el interés que me despertaron los dilemas morales planteados. Me ha sorprendido el guión en sí, no tanto por el contenido (al que se le podrían poner bastantes pegas, según compres o no la mentada moto) sino por su estructura sólida, por su funcionalidad: bien medido, muy bien dialogado, con un brillante arranque que resume la esencia de la historia, una larga introducción que da enjundia al asunto, y con un in crescendo logrado.


The Help es en cambio un ejemplo de cómo desperdiciar un puñado de actrices insipiradísimas (en especial Viola Davis y Octavia Spencer, que están sencillamente soberbias) y una historia prometedora, que en algunos momentos parece incluso funcionar. Mucho más preocupados por el producto que quieren vender que por su chicha, los productores se han molestado en contratar a las mejores y vestirlas con trapos dignos de un premio Oscar, pero muy poco por pulir los agujeros del tamaño de un desagüe, la ridícula parodización de la villana -castigada por sus pecados todo lo que el metraje ha permitido- y el interminable epílogo, coronado por una balada propia de princesas Disney años noventa que yo creía que ya nadie se atrevería a componer. Nos quedamos al menos con un par de buenos momentos cómicos en la memoria...