
Piensen en ese arranque de Drive: es para quitar el hipo.
El título de la película en mente se suma a esa conversación telefónica, esos atracadores, ese coche y ese conductor enguantado que parecen prometernos adrenalina, faros de policía agitados, velocidad, choques y frenazos.
Pero esta huida sobre ruedas no es así. Esta huida es diferente. La tensión está dentro de ese vehículo, no ahí fuera. Nuestro punto de vista es la caja de cambios, observamos al conductor que nos guía en la escapada, nos pegamos a sus ojos y a sus manos. La respiración se contiene bajo las sombras de un puente elevado. Aquí importa la destreza, sí, pero sobre todo la estrategia.
Drive tiene muchos rasgos del cine de género; samurais, western, gángsters, polar. La violencia es sexy, sofisticada, estilizada, irrumpiendo con rabia entre luces nocturnas, música retro y un absoluto deleite físico por el mercenario sin nombre que se quiere redimir por amor. El tempo narrativo tiene el pulso de un vals: incesante, sostenido, continuo, donde cada tresillo lleva por fuerza a otro.
Realmente importa muy poco que esta historia haya sido contada mil veces sin cambiar un ápice las piezas de la partida: lo que deslumbra de Drive no es eso.
Lo dicho: la película del año. Pena haber tardado tanto en escribir sobre ella, porque no hay casi nada que quede por decir a estas alturas.

PD. Y pensar que después de Bronson yo iba muy mal predispuesta a tragarme otra de Nicolas Winding Refn...
El título de la película en mente se suma a esa conversación telefónica, esos atracadores, ese coche y ese conductor enguantado que parecen prometernos adrenalina, faros de policía agitados, velocidad, choques y frenazos.
Pero esta huida sobre ruedas no es así. Esta huida es diferente. La tensión está dentro de ese vehículo, no ahí fuera. Nuestro punto de vista es la caja de cambios, observamos al conductor que nos guía en la escapada, nos pegamos a sus ojos y a sus manos. La respiración se contiene bajo las sombras de un puente elevado. Aquí importa la destreza, sí, pero sobre todo la estrategia.
Drive tiene muchos rasgos del cine de género; samurais, western, gángsters, polar. La violencia es sexy, sofisticada, estilizada, irrumpiendo con rabia entre luces nocturnas, música retro y un absoluto deleite físico por el mercenario sin nombre que se quiere redimir por amor. El tempo narrativo tiene el pulso de un vals: incesante, sostenido, continuo, donde cada tresillo lleva por fuerza a otro.
Realmente importa muy poco que esta historia haya sido contada mil veces sin cambiar un ápice las piezas de la partida: lo que deslumbra de Drive no es eso.
Lo dicho: la película del año. Pena haber tardado tanto en escribir sobre ella, porque no hay casi nada que quede por decir a estas alturas.

PD. Y pensar que después de Bronson yo iba muy mal predispuesta a tragarme otra de Nicolas Winding Refn...

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