29 diciembre 2011

Carnage

Si a Un dios salvaje le podemos poner una serie de objeciones, desde luego parecen responsabilidad fundamentalmente de Yasmina Reza, aunque no tengamos la prueba de las huellas dactilares a mano para jurarlo.

Por lo demás, estos cuatro muchachos y Polanski están en buena forma en esta aguda reflexión sobre la importancia de la educación como mecanismo de defensa y ataque. Me quedo con la frente crispada de la Foster, la vomitona de la Winslet (qué liberador tiene que ser algo así) y, sobre todo, el duelo de semisonrisas entre Waltz y Reilly en el hilarante desafío de "los tipos de cisternas". Qué mala uva. ¡Así, en general!

1 comentarios:

Troyana dijo...

Gata,
me gustó mucho,en general me gusta Polansky,y aquí me parece hace un ejercicio de reflexión, ácida reflexión, en torno a los códigos de comportamiento empleados en determinados ámbitos sociales a la hora de afrontar situaciones peliagudas donde se presta más atención a la forma que a la intención real de aprender algo de lo ocurrido.Me quedo con algunas escenas que mencionas y el final,que me parece perfecto.