The Artist es una película que se alimenta de un millón de fuentes. Mi sensación es que cuando la empezó quería contar una cosa, y terminó contando otra. O mejor dicho, tenía claro de qué quería hablar, pero no tanto cómo narrarlo.
Hazanavicius no narra con las maneras del cine mudo, al que tan sólo alude por la omisión de sonidos y la presencia de carteles con los diálogos, pero sin utilizar su lenguaje. Esto es: The Artist no es una "verdadera" película muda, sino simplemente una película sin palabras que evoca al mudo, lo que no viene a ser lo mismo. El uso de la fotografía es decididamente muy posterior a la época a la que supuestamente cita (o que a priori pensaríamos que citaría). Las referencias (que son infinitas) abarcan cine de varias décadas. Por supuesto, no es que el director tenga que usar por fuerza el código del contexto histórico que narra. Es una elección que convierte al film en un experimento bastante singular y heterogéneo.
Me ha sorprendido también en la primera mitad del metraje la escasa distinción entre el tono empleado para contar la historia entre Valentin y Miller, y el de las propias películas que el Valentin "actor" rueda. Una distinción de tono que sin embargo sí manifiesta cuando el personaje cae en desgracia, haciendo girar el asunto de guiño al cine mudo a otra cosa mucho más ecléctica y tal vez más interesante.
Espectacular la sonrisa de Jean Dujardin, absolutamente mágico. Y aunque The Artist me ha parecido en esencia tierna, bonita y curiosa, me queda el regusto de que lo más sugerente radica en su capacidad para empujarnos hacia la reflexión sobre la transformación que ha sufrido el lenguaje cinematográfico, mientras que el argumento en sí sabe a banal y casi anecdótico, apenas una mera excusa para jugar con el artefacto creado.
Se transmite también, de alguna forma, que las películas mudas eran ingenuas y ligeras, destinadas a espectadores mucho más inocentes, y que la inocencia se perdió con la llegada del sonoro. Ignoro el porqué del deseo de Hazanavicius de insinuar este hecho, pero aunque sea cierto que en 1929 todavía había mucho por llegar, el cine por aquel entonces ya había mostrado sobradamente capacidad de reflexión y profundidad.
Pero bien, se admite pulpo como animal de compañía. No queremos disparar a los caballos de la diligencia.
Hazanavicius no narra con las maneras del cine mudo, al que tan sólo alude por la omisión de sonidos y la presencia de carteles con los diálogos, pero sin utilizar su lenguaje. Esto es: The Artist no es una "verdadera" película muda, sino simplemente una película sin palabras que evoca al mudo, lo que no viene a ser lo mismo. El uso de la fotografía es decididamente muy posterior a la época a la que supuestamente cita (o que a priori pensaríamos que citaría). Las referencias (que son infinitas) abarcan cine de varias décadas. Por supuesto, no es que el director tenga que usar por fuerza el código del contexto histórico que narra. Es una elección que convierte al film en un experimento bastante singular y heterogéneo.
Me ha sorprendido también en la primera mitad del metraje la escasa distinción entre el tono empleado para contar la historia entre Valentin y Miller, y el de las propias películas que el Valentin "actor" rueda. Una distinción de tono que sin embargo sí manifiesta cuando el personaje cae en desgracia, haciendo girar el asunto de guiño al cine mudo a otra cosa mucho más ecléctica y tal vez más interesante.
Espectacular la sonrisa de Jean Dujardin, absolutamente mágico. Y aunque The Artist me ha parecido en esencia tierna, bonita y curiosa, me queda el regusto de que lo más sugerente radica en su capacidad para empujarnos hacia la reflexión sobre la transformación que ha sufrido el lenguaje cinematográfico, mientras que el argumento en sí sabe a banal y casi anecdótico, apenas una mera excusa para jugar con el artefacto creado.
Se transmite también, de alguna forma, que las películas mudas eran ingenuas y ligeras, destinadas a espectadores mucho más inocentes, y que la inocencia se perdió con la llegada del sonoro. Ignoro el porqué del deseo de Hazanavicius de insinuar este hecho, pero aunque sea cierto que en 1929 todavía había mucho por llegar, el cine por aquel entonces ya había mostrado sobradamente capacidad de reflexión y profundidad.
Pero bien, se admite pulpo como animal de compañía. No queremos disparar a los caballos de la diligencia.


2 comentarios:
Gata,
estoy bastante de acuerdo con los argumentos que presentas.No sabemos las intenciones del director,pero especular siempre está en nuestra mano.Es cierto que no es una película muda propiamente dicha,pero ¿era eso lo que se buscaba?con independencia de su propósito inicial,la película como bien dices se convierte en un experimento como poco original y añado,que arriesgado.
No le resto ningún mérito,porque aunque no haya caído en el éxtasis como espectadora deslumbrada,lo cierto es que es una película decididamente delicada,sencilla en planteamiento,pero una auténtica delicia para el espectador al fin y al cabo,aunque no no nos lleve por senderos sesudos ni trascendentales.
Le acabo de dedicar una entrada por cierto.
Bsts
Igual he sido un poco ambigua (=gallega).
Yo me imagino el germen de esta película como un homenaje al mudo y un intento de ejercicio de estilo. En algún momento del proceso creativo, a Hazanavicius le pareció más interesante ir más allá de esta idea inicial y utilizar muchos otros recursos, convirtiendo a la película en una metapelícula. Igual me equivoco, claro. Igual desde el inicio la imaginó así, tal y como le salió. Es sólo mi sensación al verla.
Cuando habla de lo banal me refería no tanto a "lo que cuenta" sino cómo lo cuenta: creo que lo cuenta de manera banal. No banal por ser amena, entretenida. Hay películas sesudísimas muy entretenidas. Pero no me importa demasiado este aspecto, porque creo firmemente que lo más interesante de "The Artist" es su condición de metapelícula, más que su contenido. De veras.
Ah, y por supuesto que el cine no siempre tiene que tener chicha. Algunas de mis películas favoritas de todos los tiempos no tienen ninguna, ni un poquito, y las sigo amando locamente. Hay cine maravilloso absolutamente simple. Luego hay cine simple hecho con una inteligencia asombrosa. Y luego hay un tercer nivel: si además una película nos regala otros valores, bienvenidos sean... pero por supuesto no son imprescindibles.
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