14 noviembre 2011

Temporada de Patos


Temporada de patos (Méjico, 2004) es una de esas películas de apariencia ligera y amena que, sin embargo, desafían muchos clichés. Y es, en un cierto modo, arriesgada.

Bien, alguien me podría decir: ¿qué significa "arriesgada"? Cuando en una publicación especializada se utiliza este término, el autor se refiere en muchas ocasiones a películas con las que se ha aburrido espantosamente, pero se niega a admitirlo (esto sucede demasiadas veces: la pose es mucho más importante que la sinceridad, y de ahí que tantos prefieran arrancarse la piel a tiras antes de admitir, por ejemplo, que se lo pasan pipa viendo En busca del arca perdida). Pero yo no me refería a ese riesgo.

(Y ya que estoy, les digo qué otros palabros me dan miedo cuando me los encuentro en una crítica: necesaria, valiente, comprometida, minoritaria, crepuscular).

El riesgo del guión de Fernando Eimbcke es sostener una entera historia -de amistad, de amor, de fracaso, ¡del paso del tiempo!- sobre la suma de muchos micromomentos. Micromomentos articulados todos ellos mediante una puesta en escena delicada, imaginativa y sorprendente. Una manera diferente de mostrar muchos conceptos como quien expande en abanico la baraja de cartas. Se ve la esquinita de cada una, pero no la carta entera. Me gusta también el guiño al teatro clásico, el sentido del humor absurdo, el hecho de que sea una comedia "pero no", la dirección de actores. La combinación explosiva de dos preadolescentes, una adolescente y un adulto.

Me gusta sobre todo cuando no me espero una película.