24 octubre 2011

Midnight in Paris, o el Escapismo


Sobre el último Allen, decía hace mes y pico Miguel Esteves Cardoso en Publico.pt:
El mensaje de la película es el mismo que el de todas sus películas (...). La vida es un rollo, pero las fantasías y las cosas buenas de la vida -el amor, el humor, las ciudades, la música- aunque no nos libren ni justifiquen el peso de vivir, envejecer y morir, son distracciones; son interludios: son casi consolaciones.

En el mismo lugar, el propio Allen en la crónica de Helen Barlow, comenta:
Creo que el impulso para salir del lugar donde estamos es muy fuerte. La vida es tan difícil y tan sinuosa y tan llena de disgustos y decepciones y tristezas que queremos ir a otro lugar cualquiera y pensar: ¡llévenme de aquí!. Bien, si pudiese vivir en Londres, si pudiese vivir en Johanesburgo, si pudiese vivir en Bora Bora, entonces mi vida sería mejor. O si pudiese vivir en los años 20, si al menos hubiese vivido hace cincuenta años...

Una de las "acusaciones" más frecuentes que he leido sobre Midnight in Paris es precisamente ésta: es un film escapista. (Eso, traducido al lenguaje del ala dura de los defensores del arte, viene a ser poco menos que pecado, opio para el pueblo). Pero, ¿puede ser escapista una película que habla sobre el escapismo, es decir, que "va" de eso?

Con todo lo duros que son algunos dramas de Allen que ya acumulan un par de décadas, y su constante pesimismo vital, es en sus últimas películas donde yo encuentro una mayor dosis de amargura. Pero una amargura muy sutil, muy complicada de asimilar, una aparentemente no tan dramática o terrible. La amargura del que se conforma con lo que hay, del que no puede cambiar nada. No hay dramas terribles, sólo una constatación de la realidad.

Midnight in Paris es una película de apariencia feliz, imposible de no ser seguida con una sonrisa (si tienes alma) y altas dosis de ternura. El enamoramiento de Owen Wilson con París va más allá del interés turístico: es una historia de amor profunda, narcisista, un amor loco hacia ese otro "yo" que habrías querido ser y jamás serás. Un yo inalcanzable, puesto que ese yo vive en el más imposible de los sueños: en otro tiempo, uno que no está por venir, uno que ya terminó. Absolutamente irrealizable. El presente de Gil está marcado por un amor falso, unos suegros insoportables y un dudoso porvenir laboral. Todo ello, eso sí, retratado de manera muy cómica. Para alivio del espectador, Allen se apiada de él y en el cierre le concede una segunda oportunidad en el París del presente... una segunda oportunidad que, por cierto, no está nada mal.

Eso sí que es escapismo.


3 comentarios:

María Petite Robe dijo...

Apenas tengo idea respecto al tema cine, pero he visto esta película (y me encantó) y gracias a tu opinión me he dado cuenta del mensaje de Allen en ella. Un post genial. :)

Gata Vagabunda dijo...

¡Pues muchísimas gracias!

Oyros dijo...

Antes tenía ganas de ver esta película. Ahora tengo más. Te digo que me ha parecido :)