13 septiembre 2011

Tropa de Elite 2


Tropa de Elite era una contundente y enérgica película de acción. Y también, de rebote, reabría un viejo debate sobre una de las cuestiones más sobadas en el cine -y en especial en el cine de género-. ¿De quién es el código moral que exhibe Nascimento: suyo exclusivamente, o de su director? José Padilha habló en su día largo y tendido, tras recibir el Oso de Oro en Berlin, de su visión respecto a ambas posturas.

Tropa de Elite 2 llegó a las pantallas brasileñas y no sólo repitió el apabullante éxito de su predecesora, sino que se convirtió en el mayor éxito cinematográfico de la historia del pais, por encima de taquillazos foráneos tales como Avatar o Titanic. Por qué Nascimento ha enamorado así a los brasileños es una cuestión imposible de saber sin preguntárselo uno a uno a todos aquellos que han pisado las salas de cine, pero como defendió en su día Padilha, no culpen al director de que una parte del público crea que los conceptos de lo justo, lo bueno y lo malo, tal y como los entiende Nascimento, sean los correctos.

Ya en su día Haj-Saleh en su Butaca no numerada dio con el quid de Tropa de Elite 2: estamos ante una historia social y política, una suerte de Padrino 2, un drama de Shakespeare, un peliculón. Pues sí: peliculón, y no sólo porque Nascimento haya crecido tanto como personaje, como también creció la interpretación de un mayúsculo Walter Moura. Peliculón, sí, con aumentativo, porque consigue lo que envidiamos tan a menudo del mejor cine norteamericano de corte político: ligereza narrativa, la construcción de una ficción atractiva pero con dosis de realidad, la huida de lo banal sin caer en lo ensayístico. Porque el mejor cine con trasfondo real no es aquel más verosímil, sino el que consigue hacernos reflexionar de manera efectiva. Padilha consigue esto por completo en Tropa de Elite 2, mientras que Olivier Assayas en su reciente (y muy interesante) Carlos sólo lo logra por momentos.



¡Saltemos en nuestras butacas!