12 septiembre 2011

Este post no habla sobre "La piel que habito"


El día que se estrenó La piel que habito compartíamos sala dos tipos de espectadores (tal vez más, pero permítanme esta simplificación):

(1) Los que esperábamos a Almodóvar como agua de mayo, no porque lo amemos incondicionalmente o porque creamos que es un genio, sino porque creemos que es como hacer los deberes...

(2) Los que estaban deseando tirar piedras a la pantalla, pero no motivados precisamente por el visionado de la película. Ya habían entrado en la sala con un montón de cascotes bien preparados en los bolsillos. (La cada vez más frecuente manía de los espectadores de hablar sin bajar mínimamente el tono de voz en consideración hacia los demás compañeros circunstanciales de sala permite que esto no sea una opinión personal, sino un hecho constatable).

Realmente Almodóvar tiene algo especial cuando Carlos Boyero se molesta tanto en ponerlo a caer de un burro constantemente, en la mayor parte de las ocasiones negándose a ejercer como crítico cinematográfico y limitándose a cuestiones puramente extrafilmícas, y demostrando que en tantas ocasiones la profesionalidad no la da los años de oficio. Lo triste no es que a Boyero no le haya gustado la película -sobra decir que es libre de odiarla cuanto le plazca-, sino que algunos de mis conocidos me la envían como "prueba" de que estoy equivocada cuando la veo y la encuentro una película muy interesante que me daría para debatir durante horas.

A estas alturas es imposible hablar en este país de ningún film del director manchego sin que lluevan piedras. Por fortuna, aún nos quedan espléndidas publicaciones como Sight and Sound u otras muchas cuyas sedes están a un montón de kilómetros de Madrid. Así podemos saber lo que otros han visto en La piel que habito sin soportar los inevitables tics del deporte que se practica por igual en todas las comunidades autónomas, sean estas ikurriñas, galaicas o moras: despedacemos a este fulano.

Mis compañeros de visionado y yo compartimos nuestra impresión de la película y comprobamos que, en esencia, el análisis era similar y lo que difería era nuestra apreciación de esos mismos elementos, o nuestra "filia" por ellos. O dicho de otro modo, parece que La piel que habito dice lo que quiere decir de manera bastante clara. Pero más allá de cómo cada uno interiorizó la película, me gustó el apunte que hizo uno de ellos: si todos los actores hubiesen sido asiáticos y la película la firmase Kim Ki Duk (que bien podría), apuesto mis bigotes a que sería contemplada en España sin pestañear, y casi cualquiera aceptaría sus rarezas o flaquezas como detalles exóticos, potenciando positivamente los puntos más atractivos de la historia.

En un twitt reciente, definí la película como "inverosímil, ridícula, genial, aterradora". Por contradictorios que puedan parecer algunos de estos términos, han pasado varios días y me reafirmo en esa sensación. Sigo sin comprender por qué Almodóvar tiene un Oscar como guionista (¡!) en su haber y por qué escribe unos diálogos tan terriblemente malos, como tampoco consigo entender la maravillosa metamorfosis que se ha obrado en su mirada a lo largo de los años y que ha conseguido que fabrique un buen puñado de fotogramas inolvidables en cada obra con una facilidad pasmosa, una facilidad que ya quisieran otros llegar a rozar en cualquier momento de su vida. Supongo que el punto fuerte de Almodóvar no está sólo en su capacidad para crear grandes personajes o haberse construido un género propio, sino también en su manera de descolocarnos u abochornarnos, para sorprendernos positivamente sólo tres segundos más tarde. A mí, como espectadora, ese constante estado de desconcierto me agrada y me empuja a volver en la siguiente película. Para ver cine aséptico, sobran decenas de estrenos cada año que olvidamos sólo cinco minutos después de salir de la sala...

2 comentarios:

troyana dijo...

Gata,
espléndido análisis.
Me encuadro dentro del primer grupo de espectadores y en cuanto a las críticas,procuro no hacerles mucho caso.al fin y al cabo,como dice S.Rodriguez "el mundo propio siempre es el mejor" y se trata,como bien dices,de interiorizar la película.
Por si tienes curiosidad,te pongo enlace de la entrada que le dediqué:

http://historias-troyanas.blogspot.com/2011/09/la-piel-que-habito.html

Bsts

Barbra Streisand dijo...

A pesar de la falta de solidez y del absurdo de los minutos iniciales, todos ellos atribuibles al guión, y que culminaron con la aparición de Roberto Alamo los demás elementos de la película me atraparon tanto que me deje llevar, encandilar e inquietar por ella y el resto del metraje se me pasó en un suspiro.

No sé si coincidirás conmigo en que Banderas hace un gran papel como ser maquiavélico pero no me lo creo como científico.

Muacks