
Se requiere mucho valor para idear un flashback que narre el nacimiento del Universo. Un salto al vacío total, una ausencia de miedo absoluta al suicidio cinematográfico.
Uno de los aspectos más nobles de The Tree of Life es que no sólo no oculta su intención simbólica ni se avergüenza de sus personajes de carácter puramente alegórico, sino que además los lleva hasta sus últimas consecuencias. Malick ofrece un largo arranque sin apenas continuidad narrativa, de una fragmentación infinita, donde no existe la película salvo en la sala de montaje y donde la música y la imagen es la única protagonista; donde una estrella como Pitt -que también produce el film- tarda mucho en tomar peso en pantalla porque el director está ocupado contando otras cosas. (Eso sí, para cuando lo toma tanto él como el resto del reparto darán lo mejor de sí mismos).
No hay trampa ni cartón, mensajes ocultos, dobles sentidos: The Tree of Life pretende trascender y se entrega con pasión a esa función, sin pudor. Para ilustrar lugares comunes sólo se puede hacer de la manera más sublime posible, o de lo contrario uno muere con las botas puestas. Y si somos capaces de abandonarnos a la magia de la luz y a la belleza de los rostros elegidos para reencarnar el milagro de existir -metiendo a Dios en todo ello-, quizá podamos disfrutar de uno de los espectáculos más desconcertantes que ha brindado el cine americano en los últimos años.
Ignoro si el nombre de Malick ha pesado sobre el jurado de Cannes -cargado de nombres de sobrada personalidad e independencia- a la hora de concederle la Palma de Oro, pero puede que sencillamente se dejasen ganar por su descarnado existencialismo:
The Tree of Life es una película complicada, que no gustará a todos los paladares. Fue recibida por el público del festival con abucheos y pitos (también con aplausos, para ser justos) y admitamos que se estrella en alguna de sus piruetas, además de que el esteticismo llevado al extremo puede generar comprensibles rechazos. Aún así, es admirable como el público de una abarrotada macrosala en pleno domingo de palomitas consumió en silencio y con respeto el discurso del que es, posiblemente, el cineasta más tímido del mundo... cuando no está detrás de la cámara.
Uno de los aspectos más nobles de The Tree of Life es que no sólo no oculta su intención simbólica ni se avergüenza de sus personajes de carácter puramente alegórico, sino que además los lleva hasta sus últimas consecuencias. Malick ofrece un largo arranque sin apenas continuidad narrativa, de una fragmentación infinita, donde no existe la película salvo en la sala de montaje y donde la música y la imagen es la única protagonista; donde una estrella como Pitt -que también produce el film- tarda mucho en tomar peso en pantalla porque el director está ocupado contando otras cosas. (Eso sí, para cuando lo toma tanto él como el resto del reparto darán lo mejor de sí mismos).
No hay trampa ni cartón, mensajes ocultos, dobles sentidos: The Tree of Life pretende trascender y se entrega con pasión a esa función, sin pudor. Para ilustrar lugares comunes sólo se puede hacer de la manera más sublime posible, o de lo contrario uno muere con las botas puestas. Y si somos capaces de abandonarnos a la magia de la luz y a la belleza de los rostros elegidos para reencarnar el milagro de existir -metiendo a Dios en todo ello-, quizá podamos disfrutar de uno de los espectáculos más desconcertantes que ha brindado el cine americano en los últimos años.
Ignoro si el nombre de Malick ha pesado sobre el jurado de Cannes -cargado de nombres de sobrada personalidad e independencia- a la hora de concederle la Palma de Oro, pero puede que sencillamente se dejasen ganar por su descarnado existencialismo:
No puedo entrar en detalles, pero hemos considerado que era una película cuya amplitud e intenciones correspondían en mayor medida a la Palme d'Or.(De Niro, presidente del jurado).

1 comentarios:
Dicho en un lenguaje más callejero, "Es una ida de olla". Yo la disfruté mucho, porque no tengo problemas para sentarme en una sala y absorber imágenes y sonidos bonitos sin hacerme preguntas, pero mis vecinas de asiento lo pasaron regular, supongo que llegarían a esta peli atraídas por los nombres de "Brad Pitt y Sean Penn" en el cartel...
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