Una amiga portuguesa decía que el cine de Manuel de Oliveira era siempre una sucesión de bellísimas fotografías que ella contemplaba con cierto placer, pero a la que era incapaz de encontrarle su último significado.Creo que al menos O extranho caso de Angêlica tiene bastante más que ver con lo pictórico que con lo fotográfico, pero puedo comprender su descripción. Y digo más con lo pictórico no sólo por la composición del encuadre y la planicie de sus texturas, sino por la sensación de óleo envejecido, de tela a la que le ha dado mucho el sol tras días de luz con las cortinas abiertas. Hay películas que nacen atemporales, ajenas a su momento, y que permanecen suspendidas en un limbo que no pertenece al espectador de hoy ni al de otra época.
Angêlica-Pilar López de Ayala es un fantasma con muy poca personalidad pero un delicioso sentido del humor. No es lo suficientemente corpórea como para justificar semejante locura de amor, pero como diría Ford, no disparemos a los caballos de la diligencia. La historia de este vínculo entre lo terreno y lo divino adolece de falta de muchas cosas, en especial de contenido, pero le sobra lenguaje.
Con todas sus frases, palabras, sílabas y letras.
¿Un vuelo por las riberas del Douro en plena noche?Todo es posible con muertas como Angêlica.
C. C.: En la película hay un travelling a lo largo de un hilo del que cuelgan fotos. Se ven fotos de la joven muerta y fotos de los trabajadores. Hay algo bastante sombrío en estas imágenes y en el montaje que las ordena.
M. de Oliveira: Es una representación del hambre. Esta cosa terrible que Dios ha dado a todas las criaturas, que nos obliga a buscar alimento y a trabajar. Que nos inquieta. El montaje entre la joven muerta y los trabajadores es un montaje entre el espíritu y el cuerpo, el cuerpo animado por el hambre, que trabaja. Todo el mundo trabaja. La gloria del comerciante es que su trabajo le dé dinero. La gloria del soldado es la victoria. La gloria del artista es ser pobre y nunca parar de trabajar.(Extracto de la entrevista concedida a Cahiers du Cinema, Mayo 2011).

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