Qué complicado, a priori, eso de hacer una película donde haya Vaticano de por medio.
Pero si además te llamas Nanni Moretti, antes de pisar la sala de cine una larguísima lista de personas se sentirá con el derecho de ponerla a caldo por lo que creen que dirá, y otra larga lista esperará un película cañera que cante las cuarenta. Sin embargo, como ha dicho el propio Moretti en Cannes, "es que la película no va de eso". Un hecho que conviene aceptar antes del visionado: no va de eso.
Habemus Papam habla de la incapacidad para aceptar las responsabilidades, aún si éstas llegan cuando supuestamente ya se debería estar sobradamente preparado para cargar con ellas. También, sobre todo, de la tremenda soledad, del desamparo, que se siente en la cúpula del poder (¡incluso con apoyo divino!). Y, porqué no, de la vejez, de nuestro deterioro, de que en el final de nuestra vida podemos sentirnos tanto o más perdidos que cuando éramos niños. Moretti desnuda a su Papa (Michel Piccoli) y nos muestra lo que hay detrás de esos ropajes lujosos: un anciano.
Hay un poquito de Capra y un poquito de Chaplin en todo esto; unas buenas dosis de comedia, mucha ternura, algunos diálogos brillantes, un final que a mí me ha dejado inquietud en el alma -me resulta difícil expresarlo con más propiedad, lo siento-, una pizquita de egocentrismo y un momento para el recuerdo: los pensamientos de los cardenales mientras se elige al próximo Papa.
Pero si además te llamas Nanni Moretti, antes de pisar la sala de cine una larguísima lista de personas se sentirá con el derecho de ponerla a caldo por lo que creen que dirá, y otra larga lista esperará un película cañera que cante las cuarenta. Sin embargo, como ha dicho el propio Moretti en Cannes, "es que la película no va de eso". Un hecho que conviene aceptar antes del visionado: no va de eso.
Habemus Papam habla de la incapacidad para aceptar las responsabilidades, aún si éstas llegan cuando supuestamente ya se debería estar sobradamente preparado para cargar con ellas. También, sobre todo, de la tremenda soledad, del desamparo, que se siente en la cúpula del poder (¡incluso con apoyo divino!). Y, porqué no, de la vejez, de nuestro deterioro, de que en el final de nuestra vida podemos sentirnos tanto o más perdidos que cuando éramos niños. Moretti desnuda a su Papa (Michel Piccoli) y nos muestra lo que hay detrás de esos ropajes lujosos: un anciano.
Hay un poquito de Capra y un poquito de Chaplin en todo esto; unas buenas dosis de comedia, mucha ternura, algunos diálogos brillantes, un final que a mí me ha dejado inquietud en el alma -me resulta difícil expresarlo con más propiedad, lo siento-, una pizquita de egocentrismo y un momento para el recuerdo: los pensamientos de los cardenales mientras se elige al próximo Papa.
A pesar del tono dulce y cariñoso que Moretti muestra por todos sus personajes (al fin y al cabo son un grupo de viejecitos), creo que no todo Habemus papam, más allá de su aire de comedia blanca, es tan inocente como aparenta.Non io, Signore!
Giocare a palla prigioniera? Cardinale,
sono cinquant'anni che non esiste più la palla prigioniera.
Piccoli perdido es la iglesia perdida. Falta de luz, ausencia de guía. Reflejo de una iglesia que no sabe que hace más de cincuenta años que no se juega a la palla prigioniera.sono cinquant'anni che non esiste più la palla prigioniera.

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