15 diciembre 2008

Tiro en la cabeza - Cineuropa (VI)

Quizá fue aquí o al calor de una caña en un bar, pero recuerdo que en su día manifesté mi desconcierto ante la extraña personalidad de Jaime Rosales. Un tipo cuyo móvil es la transgresión escondido tras la más pasmosa apariencia de normalidad; de físico convencional y maneras educadas, se formó en una de las escuelas de cine más prestigiosas del mundo -en Cuba- y se tomó su asalto a la profesión desde el enfoque más pragmático y empresarial posible. Voy a hacer arte sostenible, se dijo. Como quien hace cuatro cuentas en una hoja de Excel.

Hacía mucho, mucho tiempo -tal vez nunca- que en los círculos críticos de este país no se vertía un debate tan acalorado sobre la supuesta revolución de este cineasta y lo que ha desencadenado su irrupción en el panorama del cine español. Digo supuesta porque para muchos no lo es; digo debate porque ha dado para escribir infinitas líneas; digo acalorado porque una buena parte del público y de la crítica (asqueada por eso de que a un autor que prometía tanto le hayan dado un Goya, que es lo más anticahiers que te puede caer en vida) le ha dado la espalda.

"Tiro en la cabeza" es una pirueta con doble salto mortal carpado adelante. El primer salto está en titular así una película e ir a presentarla al Festival de San Sebastián. El segundo salto está en el terrible riesgo formal de la película, basado en la máxima que el propio director nos contó al público asistente al pase en el Teatro Principal: hazlo de una manera diferente. Hasta sus últimas consecuencias ha llevado Rosales este principio, que repitió hasta tres veces en su discurso. También pidió paciencia al público, sabedor de que es mucho lo que se le exige al espectador de "Tiro en la cabeza".

¿Se puede desnudar el cine hasta el punto de dejarlo en pelotas? Sin recursos estéticos adicionales, sin música, sin actores profesionales, sin diálogos audibles, únicamente los ruidos de fondo y lo que se percibe a través de un teleobjetivo.

La respuesta es que sí, se puede. Se puede contar una historia de esta manera, se pueden mostrar los actos desnudos sin la justificación de la palabra, se puede jugar a ajustar el tornillo hasta el punto en el que la madera comienza a astillarse. Para colmo, con toda esta nada, se puede lograr uno de los desenlaces más difíciles de olvidar que yo haya visto, seguro. Pero es imposible pensar en "Tiro en la cabeza" desde el enfoque del disfrute: sólo la podemos afrontar desde un punto de vista puramente cerebral, más interesados por el ejercicio que por el contenido, más atrapados con la posibilidad que enseña que con lo que logra hacer con ella.

Una cosa es segura después de oirle: la próxima de Rosales no será ni como "Las horas del día", ni como "La soledad", ni como esta última. Será... hecha de una manera diferente. ¿Por algún motivo? ¿Porque sea mejor? No. Porque sí. Por principios.


5 comentarios:

k dijo...

... pero entonces... ¿si ou que?

Neo dijo...

Al menos es valiente.

javi dijo...

interesantísimo blog, me lo apunto gata vagabunda, espero que coincidamos en alguna sala, un saludo desde la otra butaca

David dijo...

Hola!
Como dicen más arriba... ¿entonces la recomiendas o no? xD

Si he entenido bien tu artículo, y la crítica le ha dado la espalda...
¿Sabes que sólo por decir eso, me han venido ganas de verla? xD

Me la apunto. Tengo curiosidad por ver algo español y que sea diferente a lo de siempre.

Luego dirán que no les doy oportunidades...!!! :)


PD: Por cierto, es un poco penoso el como la prensa está sobrevalorando a Los Girasoles Ciegos solo por tener nosecuantas nominaciones al Goya. No recordaba yo un año tan flojo como este.

Gata Vagabunda dijo...

K: Mi respuesta es "sí". A mí me pareció muy interesante. Pero aclaro: creo que no se la recomendaría nunca a nadie. Es más, creo que el 95% de los espectadores la detestará. Me parece que Rosales tensa demasiado la cuerda: a mí me ha fascinado el experimento desde el punto de vista formal, pero lo más probable es que produzca irritación. Hubo gente que salió de la sala. Aunque también la mayoría se quedó y algunos aplaudieron al final. Digamos que es plato complicado: como la lamprea.

Neo: Sí, al menos es valiente. Cuando Rosales explicaba a un espectador en el debate que no había elegido usar actores no profesionales porque fuese mejor, sino porque quería hacerlo así, le costaba justificarse... pero a mí me pareció un móvil tan válido como cualquier otro. Y el espectador insistía: "¿y por qué no usar música? ¿no te gusta?" Y él contestaba que no tenía nada en contra de la música en el cine, sino que quería contarla "así" y punto final. Es decir, resumiendo: no pensaba en el lenguaje cinematográfico desde el punto de vista de la funcionalidad, sino como elemento de interés en sí mismo. Por eso para él es una motivación hacerlo diferente cada vez. Para mí está claro que impactar con esta historia es muchísimo más fácil desde un enfoque convencional dramático. Sin ninguna duda. Pero él decide hacerla así.

Javi, muy honrada con tu visita :-) ¡Soy una lectora "silenciosa" de tu blog! Gracias de nuevo.

David, no toda la crítica le ha dado la espalda. A muchos críticos les gusta Rosales. Pero hay una parte curiosa del sector crítico que está en su contra, y que paradójicamente debería ser el más afín. Digamos que a la crítica más radical de este país, la que considera la vanguardia como valor en sí mismo, lo mira con cierto desdén desde que "osó" darse a conocer para el gran público. Y yo creo que ya lo han marcado con una X para siempre...

Lo de los Goya: pues mira, no he visto la de Díaz Yanes (lo intentaré antes de los premios). Se ha colado curiosamente la del Che, por ejemplo, que es una muy buena película. Y respecto a "Camino"... pues con todos los defectos que le veo, creo que sí es toda una experiencia cinematográfica. Entiéndase como se quiera.

Vaya ladrillo que os he soltado ;-)