Pues hoy voy a hablar de "La soledad". Sí, esa película que antes de los Goya sólo vieron 44.000 personas porque se estrenó con 30 miserables copias y posteriormente se reestrenó con casi las mismas. Eso sí, los DVD se agotaron rápidamente después de los premios.Hace tiempo leía en diversos medios sobre "Las horas del día". Era de un tal Jaime Rosales y había sorprendido en Cannes, llevándose el prestigioso premio Fipresci. Luego además le nominaron en los Goya al año siguiente. Parte de la crítica que sigo habitualmente lo reseñaba como pieza de ese movimiento sísmico que en la última década parece tener su epicentro en Cataluña. En la pasada edición de Cannes, en la misma línea, se hablaba de "La soledad". Fue una de las películas que más interesó a la prensa especializada, y durante los meses siguientes, se convirtió en un título recurrente en todos los análisis de ese otro cine español no mejor o peor, sino diferente. ¿Qué tienen en común Albert Serra, Isaki Lacuesta, José Luis Guerín, Pere Portabella, Rafa Cortés y demás? Supuestamente no mucho, pero algo parece aunarlos: ser cine periférico, y por periférico, entiéndase de todo menos el sentido estrictamente geográfico.
Mentiría si dijese que una de las copias de "La soledad" no llegó a mi ciudad. Estuvo de manera breve, muy breve, pero estuvo. Por motivos que no detallaré aquí, no llegué a verla en el cine. Lástima. Por cierto, "El País" le dedicó un amplio reportaje por aquel entonces en su suplemento dominical a Rosales, suplemento que estuvo durante un tiempo como parte del mobiliario de mi cuarto de baño porque me leía la entrevista por episodios. Es una de las entrevistas más reveladoras que he leído jamás sobre un tipo, y no diré que necesariamente mis impresiones fuesen positivas. Algunas de las cosas que decía allí Rosales me predispusieron para detestarle, por su aparente ausencia de humanidad.
Luego llegaron las nominaciones a los Goya y de repente, todo cambió. Rosales y su pequeña película se convirtieron en una sorpresa para muchos. Algunos no habían oído hablar jamás de él, y la inmensa mayoría, desde luego, no había visto la película. Esto no es "Piratas del Caribe", con cuatro copias en cada multicine más cercano a tu casa. Sin haberse acercado siquiera al film, surgieron toda clase de comentarios: que si esnobismo de los académicos, que si cine culturetas, que si tomadura de pelo, que si por fin un reconocimiento al auténtico cine de autor (como si Amenábar no fuese tan autor como el que más), etc etc. Llegaron los Goya y la Academia premió, con toda justicia, a "La soledad", de largo la mejor de las nominadas. Desde entonces hasta ahora, los comentarios se han multiplicado. ¿Reconocimiento al cine de autor? No, sencillamente era la mejor de las que estaban allí. Tan simple como una ecuación de primer grado. Pero, ¿y el público? ¿Qué opina el público de esta película?
Lo lamento por aquellos que piensen que es de advenedizos acudir con curiosidad a una sala de cine porque una determinada película ha recibido un premio. Yo creo que más bien denota que la gente desea ver cine de calidad y otorga a los premios un cierto grado de confianza. Es una alegría ver que pequeñas películas tienen la oportunidad de llegar a un público al que de otra manera no llegarían. El cine minoritario no es mejor por ser minoritario, pero desde luego no debería perderse en los intrincados caminos de la distribución por el hecho de serlo. Seguramente muchos creerán que "La soledad" es puro veneno para la taquilla; sin embargo, yo estoy convencida de que a más de un espectador medio convencional le gustará y le sorprenderá la película. Por supuesto, muchos la odiarán, desde ya. Entenderé a los que digan que les ha aburrido (aunque a mí no, y ni me parece lenta, ni aburrida, ni nada que se asemeje) y también a los que digan que no les gusta el lenguaje por el que apuesta el director. No entenderé a los que argumenten que "el cine español es siempre una mierda" (ah, ¿de veras hay alguna conexión entre "El orfanato" y "La soledad"? ¿cómo se puede ser tan pobre?) y tampoco a los que la detesten porque la han premiado.
Dicen que en "La soledad" no pasa nada, que describe la vida cotidiana, punto final. Mentira, pienso. El hecho de que se vea a sus protagonistas planchando, pelando patatas o tendiendo la ropa, no implica que sea una película puramente descriptiva, ni documental, ni nada de eso. Pasan bastantes cosas, y algunas muy gordas.
También ha sonado por ahí la frase: "¿Polivisión? ¡si ya estaba inventada!". Bueno, ¿y quién había dicho lo contrario? Desde luego esta misma película podría haber sido contada sin ese recurso, y posiblemente su impacto sería similar. Sin embargo, creo que su uso es inteligente, y dota al discurso de una dimensión especial. La esencia de la división del espacio también está presente en todos aquellos planos en los que no se emplea la polivisión. Una cosa es segura: la coherencia interna del lenguaje de la película es absoluta. Cada recurso narrativo se atiene a unas reglas dentro de la historia y se respetan religiosamente a lo largo de todo el metraje. (Además, ¿quién no ha deseado saber qué pasa cuando los actores salen fuera de campo, eh? ;-) )
"La soledad" ha dejado en mí la incómoda sensación de vouyerismo. La molesta cercanía con la que se nos obliga a ver nuestra propia naturaleza. Lo banales y obvios que somos; el horrible reconocimiento en el 99% de las conversaciones que esos personajes mantienen en toda la película. Pero también, la belleza rotunda del personaje de Petra Martínez, tan familiar, tan auténtico.
Y aunque todo esto debería haber sido escrito aquí hace tiempo, más vale tarde que nunca.
Mentiría si dijese que una de las copias de "La soledad" no llegó a mi ciudad. Estuvo de manera breve, muy breve, pero estuvo. Por motivos que no detallaré aquí, no llegué a verla en el cine. Lástima. Por cierto, "El País" le dedicó un amplio reportaje por aquel entonces en su suplemento dominical a Rosales, suplemento que estuvo durante un tiempo como parte del mobiliario de mi cuarto de baño porque me leía la entrevista por episodios. Es una de las entrevistas más reveladoras que he leído jamás sobre un tipo, y no diré que necesariamente mis impresiones fuesen positivas. Algunas de las cosas que decía allí Rosales me predispusieron para detestarle, por su aparente ausencia de humanidad.Luego llegaron las nominaciones a los Goya y de repente, todo cambió. Rosales y su pequeña película se convirtieron en una sorpresa para muchos. Algunos no habían oído hablar jamás de él, y la inmensa mayoría, desde luego, no había visto la película. Esto no es "Piratas del Caribe", con cuatro copias en cada multicine más cercano a tu casa. Sin haberse acercado siquiera al film, surgieron toda clase de comentarios: que si esnobismo de los académicos, que si cine culturetas, que si tomadura de pelo, que si por fin un reconocimiento al auténtico cine de autor (como si Amenábar no fuese tan autor como el que más), etc etc. Llegaron los Goya y la Academia premió, con toda justicia, a "La soledad", de largo la mejor de las nominadas. Desde entonces hasta ahora, los comentarios se han multiplicado. ¿Reconocimiento al cine de autor? No, sencillamente era la mejor de las que estaban allí. Tan simple como una ecuación de primer grado. Pero, ¿y el público? ¿Qué opina el público de esta película?
Lo lamento por aquellos que piensen que es de advenedizos acudir con curiosidad a una sala de cine porque una determinada película ha recibido un premio. Yo creo que más bien denota que la gente desea ver cine de calidad y otorga a los premios un cierto grado de confianza. Es una alegría ver que pequeñas películas tienen la oportunidad de llegar a un público al que de otra manera no llegarían. El cine minoritario no es mejor por ser minoritario, pero desde luego no debería perderse en los intrincados caminos de la distribución por el hecho de serlo. Seguramente muchos creerán que "La soledad" es puro veneno para la taquilla; sin embargo, yo estoy convencida de que a más de un espectador medio convencional le gustará y le sorprenderá la película. Por supuesto, muchos la odiarán, desde ya. Entenderé a los que digan que les ha aburrido (aunque a mí no, y ni me parece lenta, ni aburrida, ni nada que se asemeje) y también a los que digan que no les gusta el lenguaje por el que apuesta el director. No entenderé a los que argumenten que "el cine español es siempre una mierda" (ah, ¿de veras hay alguna conexión entre "El orfanato" y "La soledad"? ¿cómo se puede ser tan pobre?) y tampoco a los que la detesten porque la han premiado.
Dicen que en "La soledad" no pasa nada, que describe la vida cotidiana, punto final. Mentira, pienso. El hecho de que se vea a sus protagonistas planchando, pelando patatas o tendiendo la ropa, no implica que sea una película puramente descriptiva, ni documental, ni nada de eso. Pasan bastantes cosas, y algunas muy gordas.
También ha sonado por ahí la frase: "¿Polivisión? ¡si ya estaba inventada!". Bueno, ¿y quién había dicho lo contrario? Desde luego esta misma película podría haber sido contada sin ese recurso, y posiblemente su impacto sería similar. Sin embargo, creo que su uso es inteligente, y dota al discurso de una dimensión especial. La esencia de la división del espacio también está presente en todos aquellos planos en los que no se emplea la polivisión. Una cosa es segura: la coherencia interna del lenguaje de la película es absoluta. Cada recurso narrativo se atiene a unas reglas dentro de la historia y se respetan religiosamente a lo largo de todo el metraje. (Además, ¿quién no ha deseado saber qué pasa cuando los actores salen fuera de campo, eh? ;-) )
"La soledad" ha dejado en mí la incómoda sensación de vouyerismo. La molesta cercanía con la que se nos obliga a ver nuestra propia naturaleza. Lo banales y obvios que somos; el horrible reconocimiento en el 99% de las conversaciones que esos personajes mantienen en toda la película. Pero también, la belleza rotunda del personaje de Petra Martínez, tan familiar, tan auténtico.
Y aunque todo esto debería haber sido escrito aquí hace tiempo, más vale tarde que nunca.

6 comentarios:
Tiene estilo y sabe cómo hacerte sentir; a mi me sorprendió agradablemente y creo que es bueno reivindicar el cine que habla de lo que pasa en el mundo, en la ciudad, en tu propia casa.
Salud!
se me olvidaba: para apreciar la soledad hace falta mucha paciencia.
Tiene una pinta de peñazooo...
P.D (Podían poner al bicho de "monstruoso" comiendose a los secundarios a ver si así le daba algo de vidilla a la historia)
Yo lo siento, pero es de esas pelis que no la vería ni gratis. Con esto no quiero decir que sea mala la peli, simplemente es que no me atrae xD
Por cierto, el viernes pasado fui a ver "Pozos de Ambición". Ni que decir que la peli está hecha a la medida de Daniel Day Lewis. Se sale xD.
Como película es muy dramática, creo que empieza bien, pero poco a poco uno empieza a pensar que hay un metraje excesivo...
y el final ..¿un poco ido de la olla? xD
Por cierto el anónimo era yo. xD
Habría sabido que eras tú de todas formas, ¡eres tan "tú"! jejejeje :*
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