"Goodbye, América" es el curioso documental perpetrado por Sergio Oskman y producido por Elías Querejeta donde un fascinante Al Lewis (el actor que interpretaba al abuelo de "La familia Monster"), a sus ochenta y muchos, narra en un camerino a su joven maquillador la historia de su vida, y por ende, la de su país. Lo que podría ser un simple y nostálgico recorrido termina siendo todo un alegato contra la política exterior norteamericana, vista por un hombre cuyas convicciones y energías parecen haberse mantenido intactas pese a los múltiples caballos de batalla que le ha tocado vivir. Humor y crítica en una visión en absoluto objetiva -¡aunque en mi opinión, muy cierta!- cuyo encanto reside, precisamente, en eso.

En los últimos días me he acercado también a los pases que hubo de dos clásicos: "El quimérico inquilino", de Roman Polanski, y "El rapto de Bunny Lake", de Otto Preminger. De la primera sólo se me ocurre decir una cosa: mírenla, por favor, porque es posible que como experiencia, haya pocas cosas así. Demencial, surrealista, paranoica, graciosa. Personalmente creo que raya un poco la tomadura de pelo pero he comprobado (a posteriori) que en torno a este film de Polanski hay toda una legión de adoradores, así que mejor no blasfemar mucho. Eso sí, es cien por cien él: sus temas, sus obsesiones, sus lugares comunes. En cuanto a la de Preminger, pues todo un placer. Una peli de intriga absolutamente clásica en su arranque, rodada con exquisitez y elegancia, que deviene en un relato de tintes psicológicos inesperados. Con sus licencias que tal vez un espectador de hoy día no aceptaría tan fácilmente, no deja de ser un estupendo ejercicio de estilo. (Hay que ver para cuánto han dado los psicópatas en el cine, madre mía).
"14 kilómetros", de Gerardo Olivares, es la primera película española que en toda su historia gana en el Festival de Valladolid. Aunque bonita, voluntariosa, y sobre todo, muy necesaria, no deja de sorprenderme que un festival que se caracteriza por su madurez y su palmarés equilibrado haya recompensado a una película valiente pero claramente ingenua y de una candidez sorprendente por momentos. Es de agradecer, de todas formas, los (pocos) intentos del cine nacional por mirar hacia uno de los problemas sociales más graves que ocurren ante nuestras narices: la llegada masiva de todos esos africanos que, desesperados, son víctimas de las mafias para, tal vez, perder la vida en el intento de cruzar el mar, o incluso, dar de bruces con la sucia realidad tras haber soñado con una Europa que prefiere mirar hacia otro lado o explotarlos vilmente.
Posiblemente uno de los divorcios más claros entre público y servidora haya sido el caso de "Caramel", película con la que lamento no haber encontrado muchos puntos de contacto. Un retrato muy complaciente y una reflexión sobre la naturaleza femenina que me resultó totalmente ajeno. Más que sensual -que claramente intenta serlo- yo tenía la sensación de estar viendo un anuncio de cosméticos permanente. Lo mejor: su guapísima directora y protagonista, Nadine Labaki.
Y cerremos esta crónica de hoy con "Naturaleza muerta", vencedora en Venecia y portada reciente de la edición española de Cahiers. Una película extremadamente árida, posible veneno para la taquilla, que explora con sordidez el corazón de la auténtica China, esa que no vemos en los telediarios, esa de la que apenas sabemos nada. El ojo de Jia Zhang Ke mira hacia ese poblado a orillas del Yang Tse sepultado bajo las aguas ante la inminente construcción de la famosa presa de las Tres Gargantas. El hormigonado salvaje de las riberas del río, la decrepitud de sus innumerables bloques de apartamentos derruídos, el crecimiento incontrolado, la miseria: la China que crece y devora a su paso naturaleza y seres humanos.
En breve me voy a ver a Ken Loach. Un beso.
"14 kilómetros", de Gerardo Olivares, es la primera película española que en toda su historia gana en el Festival de Valladolid. Aunque bonita, voluntariosa, y sobre todo, muy necesaria, no deja de sorprenderme que un festival que se caracteriza por su madurez y su palmarés equilibrado haya recompensado a una película valiente pero claramente ingenua y de una candidez sorprendente por momentos. Es de agradecer, de todas formas, los (pocos) intentos del cine nacional por mirar hacia uno de los problemas sociales más graves que ocurren ante nuestras narices: la llegada masiva de todos esos africanos que, desesperados, son víctimas de las mafias para, tal vez, perder la vida en el intento de cruzar el mar, o incluso, dar de bruces con la sucia realidad tras haber soñado con una Europa que prefiere mirar hacia otro lado o explotarlos vilmente.
Posiblemente uno de los divorcios más claros entre público y servidora haya sido el caso de "Caramel", película con la que lamento no haber encontrado muchos puntos de contacto. Un retrato muy complaciente y una reflexión sobre la naturaleza femenina que me resultó totalmente ajeno. Más que sensual -que claramente intenta serlo- yo tenía la sensación de estar viendo un anuncio de cosméticos permanente. Lo mejor: su guapísima directora y protagonista, Nadine Labaki.
Y cerremos esta crónica de hoy con "Naturaleza muerta", vencedora en Venecia y portada reciente de la edición española de Cahiers. Una película extremadamente árida, posible veneno para la taquilla, que explora con sordidez el corazón de la auténtica China, esa que no vemos en los telediarios, esa de la que apenas sabemos nada. El ojo de Jia Zhang Ke mira hacia ese poblado a orillas del Yang Tse sepultado bajo las aguas ante la inminente construcción de la famosa presa de las Tres Gargantas. El hormigonado salvaje de las riberas del río, la decrepitud de sus innumerables bloques de apartamentos derruídos, el crecimiento incontrolado, la miseria: la China que crece y devora a su paso naturaleza y seres humanos.En breve me voy a ver a Ken Loach. Un beso.

1 comentarios:
El abuelo, hay que ver al abuelo monster sin duda!!
qué fuerza, qué vitalidad, qué humanidad! qué humor! qué cojones!!
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