
Qué cuenta...
Tras unos años de ausencia, el emperador regresa a palacio. Allí se reencontrará con la emperatriz y con sus hijos. La sospecha de la emperatriz de que está siendo envenenada por su propio esposo hará que empiece a fraguar una conspiración contra él con la ayuda de su hijo predilecto.
Cómo es...
Estando en el instituto -es decir, en una vida anterior como mínimo- descubrí a Zhang Yimou. Todavía en algún lugar de mi estantería de vídeos grabados en VHS, en casa de mis padres, debe estar "La linterna roja". También fue ahí donde vi por vez primera a Gong Li, primera musa de Yimou y ahora retomada en esta última película. Desde entonces, ya nunca abandoné su cine. Tengo predilección por "El camino a casa", "La joya de Shangai", "Ni uno menos" o "Happy times", aunque tampoco hago ascos a sus más recientes incursiones en el cine de aventuras a la oriental que tan buenos frutos le ha dado en las taquillas de medio mundo y en los Oscars. Cuando ya empezaba a temerme que el señor Yimou le había cogido demasiado gusto a las piruetas marciales en preciosos envoltorios, vi "Riding Alone for Thousands of Miles" en la pasada edición de Cineuropa y me tranquilicé. Pues no, no se había olvidado de cómo se hacían las pequeñas películas que tanto me gustaban. En esa última en concreto me dio por verle un toque fordiano que me tocó la fibra sensible.
El día del estreno de "La maldición de la flor dorada", escucho en el telediario que Yimou había rodado la película más cara de la historia del cine chino. A priori un gran presupuesto en buenas manos puede dar lugar a cosas estupendas, pero también cabe otra posibilidad: que la producción se trague a su director, y así parece haber ocurrido en esta ocasión.
La historia de "La maldición... " podría dar mucho, muchísimo de sí. Sin embargo, hay un montón de cosas que flaquean: los actores (salvo la preciosa Gong Li, que está como siempre, maravillosa), el guión (cuando se supone que el asunto es serio a uno le da la risa, y no sólo me sucedía a mí, también a Lolita, mi compañera de butaca), y por supuesto, la misma dirección, que es incapaz de sacar provecho de todos los recursos que tienen entre manos, dando la sensación de culebrón de las cuatro de la tarde más que de drama histórico de lujo. Sólo salvaría algunos momentos que sí me han parecido espectaculares, como ese asalto a la casa entre desfiladeros llevado a cabo por misteriosos ninjas. Incluso la propia producción, a la que no se puede reprochar que no hayan tirado la casa por la ventana con un despliegue de fastuoso vestuario casi nunca visto, peca de un dudoso gusto estético. Y con esto no digo que en la dinastía Tang no predominase el dorado más reluciente que las columnas salomónicas de San Martiño Pinario, que no lo dudo. Pero así como "Hero" o "La casa de las dagas voladoras" eran estilizadas y elegantes, en "La maldición de la flor dorada" nos quedamos con un regusto charro de lo más extraño.
Supongo que en parte la tibia acogida crítica que ha tenido la película en España vendrá justificada por el prestigio de su director, al que nadie parece haberse atrevido a cuestionar. Para mí resulta inexplicable que en un año con tantas buenas películas, ésta precisamente copase una de las candidaturas de los Oscars a mejor película extranjera. De todos modos estoy segura de que volveré a pagar la entrada de cine para ver la próxima...
Tras unos años de ausencia, el emperador regresa a palacio. Allí se reencontrará con la emperatriz y con sus hijos. La sospecha de la emperatriz de que está siendo envenenada por su propio esposo hará que empiece a fraguar una conspiración contra él con la ayuda de su hijo predilecto.
Cómo es...
Estando en el instituto -es decir, en una vida anterior como mínimo- descubrí a Zhang Yimou. Todavía en algún lugar de mi estantería de vídeos grabados en VHS, en casa de mis padres, debe estar "La linterna roja". También fue ahí donde vi por vez primera a Gong Li, primera musa de Yimou y ahora retomada en esta última película. Desde entonces, ya nunca abandoné su cine. Tengo predilección por "El camino a casa", "La joya de Shangai", "Ni uno menos" o "Happy times", aunque tampoco hago ascos a sus más recientes incursiones en el cine de aventuras a la oriental que tan buenos frutos le ha dado en las taquillas de medio mundo y en los Oscars. Cuando ya empezaba a temerme que el señor Yimou le había cogido demasiado gusto a las piruetas marciales en preciosos envoltorios, vi "Riding Alone for Thousands of Miles" en la pasada edición de Cineuropa y me tranquilicé. Pues no, no se había olvidado de cómo se hacían las pequeñas películas que tanto me gustaban. En esa última en concreto me dio por verle un toque fordiano que me tocó la fibra sensible.
El día del estreno de "La maldición de la flor dorada", escucho en el telediario que Yimou había rodado la película más cara de la historia del cine chino. A priori un gran presupuesto en buenas manos puede dar lugar a cosas estupendas, pero también cabe otra posibilidad: que la producción se trague a su director, y así parece haber ocurrido en esta ocasión.
La historia de "La maldición... " podría dar mucho, muchísimo de sí. Sin embargo, hay un montón de cosas que flaquean: los actores (salvo la preciosa Gong Li, que está como siempre, maravillosa), el guión (cuando se supone que el asunto es serio a uno le da la risa, y no sólo me sucedía a mí, también a Lolita, mi compañera de butaca), y por supuesto, la misma dirección, que es incapaz de sacar provecho de todos los recursos que tienen entre manos, dando la sensación de culebrón de las cuatro de la tarde más que de drama histórico de lujo. Sólo salvaría algunos momentos que sí me han parecido espectaculares, como ese asalto a la casa entre desfiladeros llevado a cabo por misteriosos ninjas. Incluso la propia producción, a la que no se puede reprochar que no hayan tirado la casa por la ventana con un despliegue de fastuoso vestuario casi nunca visto, peca de un dudoso gusto estético. Y con esto no digo que en la dinastía Tang no predominase el dorado más reluciente que las columnas salomónicas de San Martiño Pinario, que no lo dudo. Pero así como "Hero" o "La casa de las dagas voladoras" eran estilizadas y elegantes, en "La maldición de la flor dorada" nos quedamos con un regusto charro de lo más extraño.Supongo que en parte la tibia acogida crítica que ha tenido la película en España vendrá justificada por el prestigio de su director, al que nadie parece haberse atrevido a cuestionar. Para mí resulta inexplicable que en un año con tantas buenas películas, ésta precisamente copase una de las candidaturas de los Oscars a mejor película extranjera. De todos modos estoy segura de que volveré a pagar la entrada de cine para ver la próxima...

3 comentarios:
No será ni el primer director ni el último que sea engullido por un exceso de presupuesto.
No sé si fue eso lo que le pasó a Sam Raimi con Spiderman 3, pero en mi opinión el resultado dejó mucho que desear. Luego ves cosas hechas con unos presupuestos mucho menores con mucho más que contar que las últimas andanzas amorosas de un trepamuros :)
Hace poco me llevé una sorpresa con Cypher, una película basada en un algo de Philip K. Dick (Blade Runner, Minority Report...). Entretenida, curiosa y para pasar un buen rato.
¿A qué venía todo esto? Pues eso. Que las buenas ideas pueden ser destruidas con demasiado dinero.
Sí, las buenas ideas pueden ser destruidas con demasiado dinero, pero no tanto porque el dólar nuble la mente, sino porque cuando hay mucha pasta de por medio el que dirige la película no siempre la dirige, así de sencillo. Aunque no todo el mundo sabe manejar estos rodajes de semejantes dimensiones. También hay que nacer... (qué decir, hay tantos ilustres ejemplos...)
Sí. A eso me refería.
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