13 febrero 2007

"APOCALYPTO" (E.E.U.U., 2006)

De qué va...

Una aldea es brutalmente atacada por parte de unos desconocidos invasores. Varios hombres son tomados como rehenes y se ven obligados a separarse de sus familias.

Cómo es...

“Apocalypto” no es la historia del declive de la civilización maya. Es una película de aventuras de unas dos horas de duración, o quizá, mejor aún, de acción, que es en lo que ha devenido el antiguo género en las dos últimas décadas. Si aceptamos esto y no vamos empecinados en ver una película de corte histórico y veraz -que no lo es, si hago caso de mi mexicana compañera de butaca, ni siquiera en el tan cacareado aspecto lingüístico-, podemos disfrutar de un buen espectáculo. Porque ante todo, eso es lo que se sirve: un espectáculo.

Hay bastantes paralelismos entre los avatares de nuestro protagonista y el de “Braveheart”, y quizá, haciendo una pirueta un tanto arriesgada, yo diría que Gibson tiene un perfil de héroe propio, que por otra parte tampoco es en absoluto novedoso, por algo ni el cine ni la literatura se inventaron anteayer. Entre William Wallace y este tarzán de las selvas del Yucatán está ese toque mesiánico. Tanto da que lleve falda escocesa como taparrabos: son seres elegidos, tocados por la fortuna, destinados a salvar a los suyos, tienen un poder especial que los distingue de los que les rodean. El episodio de la muerte de Murron en “Braveheart” y el brutal ataque a su aldea que sufre el protagonista de “Apocalypto” no difieren en exceso, y su dirección y montaje es similar, casi a lo Sergio Leone.

Es una lástima que no haya alguien poniendo la tijera en los excesos de tomatina en los que a Gibson le gusta caer, porque desde luego el tipo tiene una madera de narrador excepcional. Borraría algún personaje de sadismo innecesario y eliminaría alguna escena más propia de Tarantino que de esta historia. Y no porque me entren remilgos y diga que “Apocalypto” es un espectáculo cargado de violencia, que lo es. Quizá, como pocas veces, he aceptado la violencia como algo que late en el corazón de la historia, en los seres humanos que retrata, en un mundo donde, lo queramos o no, se ofrecían personas como sacrificios a los dioses. Un mundo salvaje y enfermo donde Caín lleva las de ganar, y Abel, las de perder. (¿Habeis visto en los créditos finales que la película va dedicada a Abel?).

No es que esta sea una película de grandes profundidades y reflexiones, pero hay que agradecer a los guionistas haber servido emoción a raudales en una imposible escalada para lograr el más difícil todavía. Algunos recursos, aunque conocidos, están muy bien usados.

Por cierto: que nadie se crea que los mayas tenían la pinta que lucen esos guerreros de físico apabullante en la pantalla. Al parecer eran bajitos y bastante cabezones…

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Tienes una oreja peluda mexicana?.Así que eran bajitos y cabezones,jeje.....
Demasiado tomate para mis ojos.
Bicos.

Gata Vagabunda dijo...

Sí, han salido nuevos gatos entre las butacas, qué cosas... ;)

Elena dijo...

Poco más que añadir salvo que me parece que el marketing de esta película no la ha ayudado mucho; mucha gente ha pasado de ir por miedo a encontrarse únicamente sangre y visceras- Supongo que será premeditado, pero que vamos, no le hace ningún favor.

Chexire dijo...

Oye, y llegaste a ver a Wally (seg.7 del vídeo. Mueve directamente la barra de tiempo si no lo ves)

Por cierto, que tal el casting?

Gata Vagabunda dijo...

Non vin a Wally porque estaba mais preocupada mirando si os malos cazaban ó prota... jeje

O casting ben, pero imos facer outro mais ;)

Gata Vagabunda dijo...

Elena, está claro que a Gibson le han colgado etiqueta de sanguinario y ya le quedará de por vida.

Hay vísceras, sí, pero también cine...